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El informe del fiscal Mueller da otro golpe fuerte al presidente Donald Trump

Publicado: 20 Abril 2019 | Visto 178 veces

El 17 de mayo de 2017, ocho días después de haber cesado fulminantemente a James Comey como director del FBI en un aparente esfuerzo por poner fin a las investigaciones de la posible relación de su campaña con Rusia durante la injerencia del Kremlin en las elecciones de 2016, Donald Trump mantenía en la Casa Blanca una reunión sobre posibles sustitutos.

Su entonces fiscal general, Jeff Sessions, que para indignación de Trump se había inhibido de supervisar cualquier investigación relacionada con el 'Rusiagate', salió de la habitación para recibir una llamada.

Cuando volvió informó a Trump de que Rod Rosenstein, el número dos del Departamento de Justicia, acababa de nombrar a Robert Mueller fiscal especial para el caso. Trump se “desplomó” en la silla y dijo: “Oh, Dios mío. Esto es terrible. Es el fin de mi presidencia. Estoy jodido”.

Trump se equivocó y su presidencia no ha acabado pero ha estado, y seguirá estando hasta la cita con las urnas de 2020 en que busca su reelección, marcada por el trabajo de Mueller, una exhaustiva investigación de casi dos años resumida en mastodóntico informe hecho público con partes censuradas el jueves.

En el primer volumen de las 448 páginas, pese a documentar “numerosos” contactos de Trump y su campaña con cargos y personas vinculadas a Rusia, al menos 170, el fiscal especial y su equipo no han establecido que hubiera un delito de coordinación o conspiración con el Kremlin.

Mucho más problemático para el presidente es el segundo volumen, en el que se explora si obstruyó la justicia, algo de lo que no se le culpa pero tampoco le exonera. Esa parte señala a 11 episodios concretos de ese potencial abuso de poder que ahora queda en manos del Congreso seguir explorando.

El informe, en cualquier caso, pinta un retrato demoledor de Trump y de la cultura que ha llevado a la Casa Blanca, con indelebles pinceladas de mentiras, presiones, paranoia y acciones que, acaben o no siendo consideradas delictivas o merecederas de un poner en marcha un proceso de ‘impeachment’, sin duda retan los parámetros y límites de la ética.

Y uno de los máximos exponentes de esa cultura son los esfuerzos documentados que Trump hizo para intentar despedir precisamente a Mueller, que como otros “para influir la investigación fueron en su mayoría infructuosos sobre todo porque las personas alrededor del presidente se negaron a cumplir sus órdenes o acceder a sus peticiones”, según reza el informe.

Concretamente, el 17 de junio de 2017, desde Camp David, Trump llamó en dos ocasiones al principal asesor legal de la Casa Blanca, Don McGahn, ordenándole que instruyera a Rosenstein para que cesara al fiscal especial. “Mueller tiene que irse”, le dijo.

McGahn no solo se negó sino que posteriormente, cuando en enero de 2018 ‘The New York Times’ informó sobre ese intento de cese, también rechazó las instrucciones de Trump de mentir, o palabras de Trump “hacer una corrección”, sobre lo que le había pedido.

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