Cardenal Ángelo Becciu

Duró unas siete horas y, como se esperaba, tuvo que ver principalmente con cuestiones formales. Pero marcó un hito la primera audiencia del mayor juicio por corrupción, fraude, y malversación de fondos entre otros delitos en la historia de la Iglesia moderna . Un proceso de tal envergadura también por su misión esencial: descubrir si la Santa Sede fue defraudada por un grupo de empresarios, o si se trató de un sistema de corrupción interna orquestado por jerarcas vaticanos ambiciosos y corruptos.

Con este dilema de telón de fondo, y dado que lo que con toda probabilidad se pretendía era evitar un exceso de ruido mediático, El Vaticano ni emitió un comunicado de prensa sobre el proceso. El que habló, en cambio, fue el cardenal Angelo Becciu, el principal imputado. “Confío en el tribunal. Se probará mi inocencia ”, dijo el jerarca católico, acusado de malversación y abuso de funciones por la compra de una parte de un lujoso edificio en Londres, adquirido con fondos destinados a los pobres. El caso que destapó el escándalo. 

"Soy obediente al Papa que me envió un juicio", agregó Becciu, quien, en la vista de este martes, fue uno de los últimos en llegar a la antigua sala multifuncional de los Museos Vaticanos, acondicionada para la ocasión y que se usará durante todo el juicio. Allí, sentado en la última fila, el cardenal, vestido con un traje gris, presenció la vista oral -como también su mano derecha, Mauro Carlino-, a ratos intercambiando alguna palabra con los periodistas enviados en representación de los acreditados en el Vaticano. “Estoy tranquilo, tengo la conciencia tranquila”, les aseguró, sin mostrar nerviosismo por un encauzamiento que también sienta otro precedente histórico para la Iglesia, el de un 'príncipe de la Iglesia' juzgado por un tribunal de laico.