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La antipatía que acumula el gobierno de Trump marca y señala a su cercanos colaboradores

Publicado: 26 Junio 2018

La polarización política ha saltado ferozmente a la arena pública en los últimos días en Estados Unidos. La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, expulsada de un restaurante.

La secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, abucheada en otro. Lo mismo le ocurrió a Stephen Miller, asesor de Donald Trump y emblema de la mano dura en inmigración, al que llamaron “fascista” en un local de comida.

Y Pam Bondi, fiscal general de Florida y defensora habitual del presidente, fue insultada en una sala de cine. “Eres una persona horrible”, le espetaron.

La multiplicación de actos de repudio público contra aliados de Trump, sin precedentes recientes y agigantados por el altavoz de las redes sociales, ha abierto un debate sobre los límites de la tolerancia y la discrepancia política en un país donde la libertad de expresión es sagrada, pero también existe una creciente tendencia social a rodearse de personas de la misma ideología.

Apenas hay leyes en EE UU que prohíban a un comercio negar servicio a un cliente por su opinión política. Por ejemplo, el pasado abril un juez de Nueva York desestimó el caso de un hombre que alegó que fue echado de un bar por llevar una gorra de apoyo a Trump.

"Podemos estar en desacuerdo pero deberíamos poder hacerlo libremente y sin daño", dijo Sanders este lunes en su primera valoración en persona de lo sucedido.

En su rueda de prensa diaria, señaló que es "importante el debate saludable" pero consideró "inaceptables los llamamientos al acoso" a personalidades del Gobierno. Sanders ya confirmó el incidente el sábado en su cuenta oficial en Twitter de portavoz de la Casa Blanca.

“Dejen al equipo de Trump comer en paz”, titulaba su editorial el diario The Washington Post a raíz del caso de Sanders. La portavoz, junto a sus siete acompañantes, tuvo que abandonar el viernes un restaurante en Lexington, un municipio rural en Virginia, después de que la propietaria le dijera que, por principios, no podía servir a una persona que trabaja para una Administración que considera “inhumana y sin ética”.

“¿Cómo de difícil es imaginar, por ejemplo, que personas que creen que el aborto es un asesinato decidan que jueces u otros cargos electos que protegen los derechos al aborto no deberían poder vivir pacíficamente con sus familias?”, se pregunta el Post, un diario muy crítico con la política de Trump.

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