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Jambalaya Cultural - Un espacio con razón de ser

Publicado: 10 Agosto 2018 | Visto 132 veces

SINCERO HOMENAJE  AL ESCRITOR  ORLANDO ADISSON.

PALABRAS

Los versos de Orlando J. Addison fluyen con la cadencia de la esperanza. Son vibrantes, se elevan como cedros que buscan el cariño de los vientos...el nos sorprende con su estilo fresco. Sus ideas van en esa búsqueda señorial y constante que permitirá consolidarlo en la ruta de su vida y en los ecos del poema. Es poesía hecha para todos, sin rebuscamientos ni rimbombancia, es amena y envuelta en cierta dosis de inocencia. Addison es un intelectual con un grito a su manera. Es digno reiterar que él ha escrito lo que ha experimentado. Su forma de estructurar cada verso lo muestra apegado alma a alma con la simbología del tiempo. Así, rinde culto a su pueblo y enciende el espíritu del cocotero. Cada poema tiene el color del horizonte que se perfila en la dermis del mar. Este libro parece que lo escribió desde el corazón de un pez y, con seguridad, aquella vez, cuando la noche tuvo miedo.

UNA SINTESIS DE SU VIDA.

Este valioso escritor nació en Tela, Honduras. Egresado del Centro Universitario Regional del norte en el área de Ciencias Sociales. Realizo estudios en Lechan Collage, Nueva York. Obtuvo su maestría en el Seminario Teológico de Virginia. Fue Rector de la Escuela Episcopal Bilingüe Holly Spirit. Es sacerdote Episcopal, autor del libro Happy Land, del poemario: La noche tuvo miedo, edición bilingüe. Además de la novela Ernesto Gamboa, por cierto, un retazo de una época que aun marca huellas de dolor en la piel de Latinoamérica. Una novela hilvanada con los recursos posibles del autor y en semejanza a una realidad que deja de ser sueño para convertirse en tragedia inmediata. Su trama envuelve el ojo del sentimiento hasta ver la muerte de alguien que asiste a las exequias de su propio funeral. Todos nos encontraremos absortos, incrédulos algunos y otros sorprendidos ante la búsqueda del suceso inmerso en la solvencia de un lenguaje que atesora la riqueza del saber decir y saber digerir. Jambalaya Cultural se honra en rendirle este sencillo homenaje, muy bien merecido.

EL POEMA DE HOY

NO ME LLAMES NEGRO.

No soy una percepción visual
generada
por el cerebro mediante los focos receptores,
ni color
que devora la luz al esconderse el sol tras el orbe
donde las estrellas cuelgan del vacío
y la luna flota sobre un mar de tinieblas.
No me llames negro,
porque la palabra se asemeja a lo prohibido,
a la manzana que pintó la piel de Adán,
cicatrizó la silueta de Eva,
a los monstruos
que vomita la noche cuando llora la niebla,
al corazón calcinando por el odio
y a la boca del alma
que mastica venganza.
No me llames negro,
con este tono marcaron la piel de África,
robaron de su seno a sus hijos,
depilaron el espíritu guerrero,
usurparon su reino,
los declararon hijos del fuego.
No me llames negro,
este no es mi nombre,
mi nombre quedo adherido
a los látigos
que mordieron mi espalda
con los dientes de la noche.
Fue flor pisoteada por la bestia
que fluía del pecho nevado,
por los carruajes que circularon las calles
de sueños truncados.
No me llames negro,
Porque soy más que eso.
Soy un mortal que por mis venas
Corre sangre de ilusiones
que declara la guerra al fracaso.
Un hombre sostenido
por los huesos del amor,
que respira aliento de poesía
y en los adentros un tambor
que repica gozo.
No me llames negro,
porque este no es mi nombre.
Como tú, yo también soy humano,
hecho de las manos de Dios,
creado a su imagen
para
que juntos construyamos un cielo.
No me llames negro,
Llámame Orlando Joseph Addison Allen
porque este es mi nombre,
el que recibí cuando fui marcado
por el agua
cuando mis palabras se mezclaron con el llanto
y mis ojos veían marcianos a mi alrededor.

Orlando Addison.
Escritor nacido en Tela, Honduras.

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