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Sanando a la comunidad

Publicado: 28 Noviembre 2017

En el artículo anterior hablábamos de que es importante buscar ayuda, para saber cómo sobrellevar y sobrepasar los problemas de la vida. Esto refleja las palabras del Señor Jesucristo que dijo “...En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Asimismo refleja las palabras del apóstol Pablo que declará que todo aquel que quiera vivir una vida en obediencia a Dios, encontrará diferentes maneras de aflicciones (2 Timoteo 3:12). Como cristianos reconocemos que cualquiera sea nuestra necesidad, nuestro Padre celestial puede suplirla (Filipenses 4:19). Tenemos plena confianza cuando en oración nos acercamos “a su trono de gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16). Aceptamos que nuestra prioridad principal es, “buscar su reino y su justicia” para que Él pueda añadir lo que necesitamos (Mateo 6:33).

Aunque esto es claro y real en la mente y en los corazones de muchos cristianos, muchas veces me encuentro con personas que tienen problemas para recibir la bendición que ellos están buscando y esperando. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando leemos el Antiguo Testamento nos encontramos con un hombre de extremo valor para el rey de Asiria, su nombre era Naamán. Todos nosotros sabemos que las aflicciones no hacen acepción de personas. La aflicción ha llegado a la vida de Naamán a través de una enfermedad llamada lepra. En aquel entonces la lepra era una enfermedad de alto contagio, muy dolorosa y mortífera. La historia nos cuenta que uno de sus sirvientes, le hace saber que su solución se encuentra en el profeta de Dios, llamado Eliseo. Naamán viaja hasta donde vive el profeta de Dios y al llegar a la puerta llama, pero Eliseo no sale a recibirle sino que le manda a decir por medio de uno de sus criados cómo su necesidad puede ser suplida. Lo que él tiene que hacer es lavarse 7 veces en las aguas del río Jordán. Naamán reaccionó estando desilusionado y muy enojado pues la bendición no llegó a él de la manera en que él lo esperaba. Naamán pensaba que el profeta saldría a recibirlo y poniendo sus manos sobre él, oraría y sería sano. ¡Él estaba molesto en gran manera! Pero gracias a la insistencia de sus criados, Naamán hace lo que el profeta Eliseo le mando y su lepra desapareció. Esta historia usted la puede leer en segunda de Reyes capítulo cinco.

Creo que muchas veces los cristianos actúan con la misma actitud y el mismo orgullo de Naamán. Quieren que la bendición de Dios se les dé en el momento, por los medios y por las personas que ellos quieren. ¡Obviamente, Dios no trabaja así! Necesitamos recordar que cuando decimos que confiamos que Dios suple todas nuestras necesidades, también estamos diciendo que aceptamos el momento, los medios y las personas que Dios utilizará para brindarnos aquello que buscamos. Ambas cosas no pueden separarse pues Dios siempre espera una obediencia completa.

“Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:4).
¡Qué Dios lo bendiga!

Si tiene preguntas o comentarios, escriba a ichk2009@hotmail.com o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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