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Sanando a la comunidad

Publicado: 25 Julio 2017 | Visto 755 veces

Cuando hablamos de la disposición que la gente tiene nos encontramos con una gran variedad de respuestas. Incluso yo diría que algunas personas se sorprenderían a sí mismas viendo hasta donde llegan. Cuando miramos nuestra vida espiritual, el hacer lo que es correcto, la fe que profesamos tener, o nuestra relación con Dios ¿qué tan dispuestos estamos en dejar las cosas que nos estorban? ¿Qué tan lejos llegaríamos cómo cristianos?

La Biblia nos relata una historia que sucedió mientras el Señor Jesús pasaba entre Samaría y Galilea. Está historia la podemos leer en el evangelio de Lucas capítulo 18 comenzando en el versículo 18 y terminando en el versículo 23. Lucas cuenta que un joven con mucho dinero se acercó a Jesús con una inquietud, con una duda importante en su corazón. Su pregunta fue, ¿qué tengo yo que hacer para llegar al cielo? Jesús le pregunto si él sabía los mandamientos; en otras palabras, si él conocía cuál era la voluntad de Dios. Él joven responde con gran entusiasmo, es algo que vengo haciendo desde mis primeros años de juventud. Muchos padres al conocer un joven así pensarían que es la persona ideal para que su hija pudiera casarse. Él no solo tiene mucho dinero en el banco pero además es una persona con muy buenos modales, educada, seria, honrada y que no anda en nada malo. ¡Él es perfecto!

Si seguimos leyendo la historia encontramos que Jesús le pide una cosa más que tiene que hacer en su vida. Algo más que debe obedecer, algo más que debe decidir hacer en su vida si es que quiere esa vida eterna. La historia no termina como en las películas donde el protagonista termina besando a su chica y todos terminan contentos. Al contrario, el final de la historia de este joven es un final amargo y muy triste.Todo había comenzado tan bien, ¿qué sucedió para que terminara tan mal? ¿Qué cambio?

Desgraciadamente creo que muchas veces nos podemos identificar con este joven. La respuesta se halla en la disposición que cada uno elige tener. Todo individuo traza una línea que dice “hasta aquí llegó.” Hasta aquí he decidido poner en acción mi fe, hasta aquí estoy dispuesto a hacer lo que es correcto. Para muchos, esa línea se hace realidad en asistir únicamente a los servicios, en orar o en leer las Escrituras cuando tienen ganas. Tal vez en ayudar a alguien siempre y cuando no demande mucho de su tiempo, dinero y esfuerzo. El Señor Jesús, los apóstoles y los primeros cristianos nos muestran su ejemplo de estar siempre disponibles.

El Señor Jesús dijo, “Felices los que desean de todo corazón que se cumpla la voluntad de Dios, porque Dios atenderá su deseo” (Mateo 5:6). Sigamos continuamente moviendo nuestra línea en dirección de Dios para que nuestra historia termine bien. ¡Qué Dios lo bendiga!

Si tienepreguntas o comentarios, escriba a ichk2009@hotmail.com o al P. O. Box 23067, New Orleans, LA 70183-0067.

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